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PERFORACIONES
EN LAS CULTURAS MEXICANAS
Herencia
Ancestral
No hay duda que
los humanos se han perforado desde hace siglos. La oreja, nariz o septum
son las perforaciones más
comunes que podemos apreciar en textos antropológicos o en revistas
como National Geographic. Pero la historia detallada de las perforaciones
no es posible definirla con exactitud, pues muchas que consideramos
como tradicionales quizá nunca existieron. Y en el caso de que hubieran
existido, no se encuentran datos sobre ellas o posiblemente fueron destruidos
por los misioneros en su empeño por tratar de "civilizar" a las culturas
nativas, arrancando sus costumbres y despojándolas de sus creencias.
Por otro lado,
existe un sinfín de antecedentes sobre las perforaciones que practicaban
las tribus de África, las Amazonas, Nueva Guinea, Canadá, Indonesia,
India, Venezuela, Borneo, etc. Pero para no irnos muy lejos vamos a
enfatizar en las que se realizaban en México, en las culturas mayas,
aztecas, olmecas, entre otras.
MAYAS
En su búsqueda
del perfil perfecto, los antiguos mayas hicieron uso de las modificaciones
del cuerpo para llegar a un grado inimaginable. Las deformaciones de
la cabeza eran rutina, ésta era deformada con unos moldes de madera.
El ser bizco era un símbolo de gran belleza, así que desde niños se
les aplicaban unas bolas de cera en medio de los ojos. El vello facial
del hombre era arrancado como hoy en día las mujeres depilan sus cejas.
Los cuerpos fueron pintados para indicar el status y la ocupación. Lenguas,
labios, narices y orejas fueron perforadas y decoradas con la joyería
más fina que se pudieron permitir. Las perforaciones en la oreja fueron
gradualmente expandidas hasta llegar a un grado asombroso. En algunas
excavaciones fueron encontradas algunas orejeras de jade, superando
el diámetro de siete centímetros.
También se han
encontrado dibujos y textos sobre lenguas perforadas, en estas perforaciones
metían largas cuerdas, a veces con espinas, y así las jalaban. Los mayas
valoraban enormemente el poder mágico de su sangre.
Entre los instrumentos
que utilizaron para perforar destacan objetos como agujas punzantes,
a veces identificadas como espinas, garras o colmillos, aunque también
encontraron hojas puntiagudas de obsidianas y punzantes de huesos de
animales y en ocasiones de humanos.
"Quetzalcóatl
hizo penitencia, perforó sus piernas, dejó fluir su sangre sobre el
maguey. "
SAHAGÚN
Los mayas ofrecieron
sacrificios de su propia sangre, en algunos rituales se perforaban la
lengua en una dirección inclinada de un lado a otro y pasaban partes
de paja a través de las perforaciones. Según algunos historiadores,
los mayas practicaban la circuncisión.
"También
se perforaban el propio miembro, lo perforaban oblicuamente de un lado
a otro y por los orificios pasaban gran cantidad de hilo, así que todos
los integrantes del rito quedaban atados, ellos untaban a sus ídolos
con la sangre que fluía por todas partes."
DIEGO DE LANDA
El universo de
los mayas era relativo, balanceado e influenciado con la interacción
entre el hombre y sus dioses a través de sus sacrificios y su magia.
OLMECAS
Los olmecas son
la civilización más antigua de Mesoamérica, proporcionaban los primeros
y tal vez los más ilustrados sacrificios de genitales. En el pasado
se encontró un mural, en una cueva del estado de Guerrero, que muestra
un jaguar agachado, símbolo de un Rey-Sacerdote, de las garras del jaguar
salía una serpiente cuyo cuerpo cambia a un miembro alargado de humano.
La obligación de los sacrificios era uno de los tantos ritos que los
mayas y otras culturas han heredado de los olmecas.
Como instrumentos
para perforar usaban picos de maguey, garras de animales, espinas de
pescado, dientes de tiburón y piedras preciosas finamente detalladas.
Ellos poseían
una gran variedad de perforaciones en diferentes partes del cuerpo,
como las orejas, septum y labios. También se les conocieron perforaciones
en la frente, brazos, piernas y genitales. Los aretes estaban hechos
principalmente con conchas de mar, obsidiana, cuarzo o jade. Las perforaciones
eran una de las tantas formas de modificar el cuerpo en todos los niveles
sociales, muchas veces eran un símbolo de acercamiento a Dios.
Los sacerdotes
expandían sus lenguas hasta el diámetro de la muñeca. Las perforaciones
de la mejilla eran reservadas para ritos fúnebres, en los cuales, miembros
de la familia del difunto recibían tal perforación por parte del sacerdote,
este tributo era para asegurar un buen recibimiento en la siguiente
vida.
AZTECAS
Algunos de los
gobernantes siguieron el ejemplo del héroe Quetzalcóatl al derramar
sangre de los genitales. Este acto era entendido como la imitación de
la primera mítica penitencia de la Serpiente Emplumada, quien trajo
vida a la humanidad al mezclar su sangre con los huesos encontrados
de tiempos ancestrales.
Para los aztecas,
las perforaciones eran un acto de purificación para acercarse más a
Dios. Las perforaciones requerían de ritos muy exhaustos de meditación.
Los periodos duraban desde cuatro días, para la gente común, hasta 20
días para reyes y sacerdotes, aunque también se sabe de algunos de hasta
80 días. Las primeras perforaciones eran en honor a Tonacatecuitli y
Tonacacuitl, amos de la carne.
Éstos rituales
iban muy ligados con el consumo de hongos alucinógenos y pulque.
Las perforaciones
de oreja y lengua fueron muy apreciadas dentro de la cultura azteca,
se dice que éstas se realizaban en los niños en fechas específicas,
comparables con nuestro año bisiesto.
Los Xiuhnacochtli
(expansores) fueron utilizados por los reyes y gente común, sin embargo,
los reyes usaban piezas de turquesa. Las perforaciones de la lengua
fueron hechas como un tributo a la Diosa de la Tierra, Coatlicue, la
perforación en su honor era un acto único en la vida pues otorgaba limpieza
espiritual, era una reflexión para invocar veracidad en el recibidor
del arete a través de la cercanía espiritual con los dioses.
Los ancianos,
entre los aztecas, tenían grandes tapones de jade en sus lenguas, estas
ornamentas iban con ellos hasta la tumba para mantener la veracidad
en la siguiente vida.
La perforación
del septum es extensamente documentada dentro de los aztecas, entre
los que usaban tal perforación desfilaban dioses, como Quetzalcóatl,
reyes, sacerdotes, grandes guerreros y nobles. Xiuhyacámitl significa
septum perforado en náhuatl. Se dice que los reyes usaban barras de
turquesa en tal perforación para los eventos de gala.
Los dioses aztecas,
especialmente los que estaban relacionados con la muerte y lo subterráneo,
usaban platos en el septum con diseños de cráneos. La joyería típica
de Tlatoani (el que habla con una lengua pequeña y veraz) era el labret
o bezote, dicha ornamenta era básicamente de turquesa y significaba
una alta autoestima y por lo regular era tallada en forma de lengua.
Otras joyas para el bezote eran los tapones de oro con esculturas de
dioses, reyes o animales sagrados.
A pesar de que
las perforaciones de la nariz fueron rechazadas por los colonizadores,
por considerarlas no atractivas, existen algunos códigos que describen
esta perforación en relación con los dioses Tezcatlipoca (erradicador
del pecado) y Chalchiutlicue (la diosa del agua terrestre), ya que ambos
fueron comúnmente dibujados con largos tapones tubulares en la nariz.
Otra perforación
ignorada por los colonizadores fue la de los pezones; por lo que en
la mayoría de los dibujos del pueblo azteca no se plasmaron. Painal,
Dios conocido como mensajero de la muerte, usaba argollas de oro en
los pezones, aunque también se sabe que Coatlicue las usaba.
OTOMÍES
Los más antiguos
en el Anáhuac, los otomíes, usaban bezotes y orejeras; se distinguían
por su valor y finura las piedras de los señores y guerreros.
Las mujeres, desde
niñas, se rapaban la cabeza; de adolescentes dejaban crecer los cabellos
sin peinarlos, y sólo cuando ya habían sido madres se los arreglaban.
También traían orejeras, se pintaban el pecho y brazos de colores azules,
se adornaban con plumas de colores los pies, piernas y brazos, afeitaban
el rostro sobre el cual ponían una sustancia roja en las mejillas, pintaban
los dientes de negro. Los señores que gobernaban los cuitlateca, una
rama de los otomíes, traían unas piedras preciosas en el septum.
CUEXTECAPAN
Los cuextecapan,
que se extendían entre las costas del Golfo, la parte sur de Tamaulipas,
el norte de Veracruz y la parte oriental de San Luis Potosí, habían
llegado por el mar, tenían la cabeza ancha y chata, los cabellos teñidos
de amarillo ó rojo, largos y sueltos sobre la espalda. Ellos se perforaban
y limaban los dientes para hacerlos acabar en punta, también perforaban
y expandían la nariz para así colocar un tubo de oro dentro del cual
atravesaban un plumaje colorido. En los pies llevaban cascabeles de
palo ó cobre, con los que generaban música.
ACAXES
Cuando iban a
la guerra los acaxes llevaban consigo todos sus adornos y riquezas,
uno de ellos consistía en una cola hecha con gamuza, la que se amarraba
en la cintura para semejar una cola de animal. Cuando volvían como ganadores,
en la fiesta que organizaban, se perforaban el labio inferior y pasaban
por él un hueso aproximadamente de cuatro centímetros de largo, y se
hacían la misma cantidad de perforaciones equivalente al número de hombres
que habían matado.
Ellos cuidaban
mucho su cabello que era largo y lo trenzaban con cintas blancas. En
el cuello y en los puños llevaban grandes sartas de caracoles y conchas.
Se agujeraban el tabique de la nariz y colocaban piedras preciosas como
la esmeralda, también en las orejas llevaban muchos zarcillos de plata
o cobre, cada uno con una cuenta blanca.
ZAPOTECAS
Las mujeres zapotecas
usaban grandes y anchas arracadas de oro en las orejas y pulseras de
piedras finas, así como collares de estas mismas piedras y de pedazos
de oro. Los pendientes que utilizaban eran muy pesados, por lo que provocaban
la deformación de las orejas, muchas veces era por las penitencias pedidas
en los rituales.
Los hombres se
perforaban para salir a la guerra o para deformar el labio y así llevar
el bezote ó "tentetl", que significaba ser un guerrero distinguido.
Mayas, olmecas, aztecas y muchas otras culturas son quienes nos marcaron
el camino. Quizá no seamos tribus ni nativos pero probablemente somos
los modernos primitivos encargados de no dejar que estas prácticas ancestrales
queden en la historia, por el contrario, que sigan siendo ritos de estética
y placer para las generaciones futuras.

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